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| 9/4/2018 12:01:00 AM

La vulnerabilidad externa de la economía se redujo en el primer semestre

La disminución en el déficit en la cuenta corriente disminuye la vulnerabilidad de la economía y puede ayudarle a preservar el grado de inversión.

Los resultados de la balanza de pagos del primer semestre de 2018, calculados por el Banco de la República, son alentadores. El déficit en la cuenta corriente (-3,6% del PIB) disminuyó respecto del mismo período de 2017 (-4% del PIB).

Gracias a ello, el país necesita ahora un flujo menor de fondos externos para financiarlo. Eso reduce su vulnerabilidad a los choques externos, que pudieran disminuir los flujos de inversión, tanto directa como de portafolio, así como los de crédito externo.

La reducción del déficit en la cuenta corriente desde 2015 (-6,3% del PIB) fue uno de los resultados del ajuste de la expansión de la demanda interna, al incremento menos dinámico del ingreso nacional, que ocurrió como consecuencia del descenso de los precios de los hidrocarburos y otras materias primas exportadas por el país –carbón, ferroníquel y café–, al final del superciclo, desde 2013.

Los analistas pronostican en promedio que para el año completo el déficit en la cuenta corriente disminuirá de -3,3% a -2,9% del PIB entre 2017 y 2018. Además, prevén que se mantendrá alrededor de esta magnitud entre 2019 y 2021, pero que caerá un poco más en 2022 (-2,6% del PIB).

El superávit en la cuenta financiera (sin incluir las reservas internacionales) también se redujo en el primer semestre de 2018 (de -3,8% a -3,5% del PIB).

Como el déficit en la cuenta corriente disminuyó más que el superávit en la cuenta financiera, el país acumuló US$286 millones de reservas internacionales (RI) en el primer semestre del año en curso, un poco más que en el mismo período del año anterior (US$247 millones).

Los riesgos externos aumentan

El menor déficit en la cuenta corriente y la necesidad más baja de fondos extranjeros son una buena noticia en esta coyuntura, cuando los riesgos externos se están incrementado.

Entre ellos, uno de  los más perturbadores es la eventualidad de una guerra comercial, que comprima el volumen del comercio internacional, disminuya la confianza, genere una recesión global, reduzca los flujos de capital y deprima los precios de las materias primas.

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También sería muy desestabilizador un tránsito más acelerado que el previsto, de la postura monetaria de la Reserva Federal de los Estados Unidos y otros grandes bancos centrales, a la normalidad, porque al elevar las tasas de interés externas y disminuir la liquidez en los mercados internacionales, generaría una menor preferencia de los inversionistas por activos riesgosos, como los de las economía emergentes.

Esto disminuiría los flujos de capital hacia ellas, como de hecho ha ocurrido en el transcurso de este año. Esos menores flujos hacen más difícil financiar sus desbalances macroeconómicos –los déficits fiscales y en la cuenta corriente, junto con el exceso de la inversión sobre el ahorro doméstico–.

Las economías emergentes más afectadas serían aquellas con los desbalances más amplios y la mayor inestabilidad política, como Argentina y Turquía, que en días recientes han enfrentado crisis cambiarias que podrían convertirse en crisis financieras y profundas recesiones.

Brasil también podría resultar afectado, debido a su eventual inestabilidad política, a raíz de la prohibición judicial al ex presidente Lula de ser candidato presidencial para las elecciones de octubre de 2018.

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La cuenta corriente

Aunque en el primer semestre de 2018 hubo un incremento en los pagos factoriales netos al exterior (de US$3.970 a US$5.538 millones), en términos absolutos el déficit en la cuenta corriente (-US$5.991millones) se redujo (en US$ 13 millones), sobre todo, debido al descenso en el déficit comercial de este período (-US$2.108 millones), comparado con el mismo de 2017 (-US$3.227 millones).

El aumento en las transferencias corrientes netas (de US$3.046 a US$3.432 millones) y el descenso en el déficit en la balanza de servicios (de US$1.853 a US$1.776 millones) también contribuyeron, pero mucho menos (US$76 millones), a ese resultado.

A pesar de los mayores egresos por importaciones de bienes (que aumentaron en US$1.862 millones), el déficit comercial se redujo por el incremento (de US$2.981 millones) en los ingresos por exportaciones (que sumaron US$21.623 millones).

Estos subieron sobre todo por el mayor valor de las ventas de petróleo, pero también de productos industriales y de carbón. Los mayores ingresos por las ventas de petróleo y de carbón se debieron a sus mejores precios internacionales , pues su volumen disminuyó.

Los egresos por importaciones de bienes (que totalizaron US$23.731 millones) aumentaron por el mayor valor de las compras de insumos y bienes de capital para la industria, junto con el más elevado de las de bienes de consumo.

El déficit en la balanza de servicios se redujo por los mayores ingresos por exportaciones de viajes, transporte, comunicaciones, información e informática y empresariales y de construcción.

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El aumento del déficit en las rentas factoriales netas para el resto del mundo se debió, con énfasis,  a los mayores egresos por las utilidades de la inversión extranjera directa y, en menor proporción,  a los pagos más altos de intereses de la inversión de portafolio.

Las transferencias corrientes netas se incrementaron gracias a las mayores remesas de los trabajadores en los Estados Unidos, España, otros países de América Latina, Canadá y Australia.

La cuenta financiera

A pesar del aumento del crédito al gobierno, el superávit en la cuenta financiera (sin contabilizar la variación de las RI) disminuyó por el descenso en los flujos de inversión extranjera de portafolio,  captada por los sectores público y privado, tanto en los mercados financieros internacionales como en los domésticos.

En contraste, la IED aumentó en minería y petróleo, servicios financieros, industria, comercio y hoteles y transporte y comunicaciones, bajo las modalidades de reinversión de utilidades e instrumentos de deuda.

De esta manera, el estrechamiento del déficit en la cuenta corriente se produce justo cuando aumentan los riesgos externos, lo cual constituye una buena noticia para el país, que puede ayudar a reducir su vulnerabilidad a los choques externos y, por tanto, a preservar la confianza de los inversionistas internacionales y el grado de inversión de la deuda pública.

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