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| 10/11/2018 12:01:00 AM

¿Colombia se diferencia del resto de emergentes?

Con el incremento de los riesgos para la actividad económica y la estabilidad financiera mundial, es vital reducir la vulnerabilidad de Colombia a los choques externos.

Las economías emergentes han tenido un año difícil, durante el cual los activos de algunas y sus monedas se han desvalorizado con intensidad, como consecuencia de la menor tolerancia al riesgo entre los inversionistas en los mercados financieros internacionales, que inclinan sus preferencias hacia los activos más seguros ofrecidos por las economías avanzadas. Por ello invierten menos o liquidan posiciones en los de las emergentes, con lo cual los flujos de inversión de portafolio hacia ellas disminuyen y en casos extremos ocurren salidas de capital.

El menor apetito por riesgo entre los inversionistas se debe a las expectativas de que los bancos centrales más importantes del mundo tendrán que acelerar el tránsito a la normalidad de sus posturas monetarias, por un recrudecimiento de la inflación en las avanzadas; junto con los temores sobre la eventualidad de una guerra comercial de grandes proporciones, que frene la actividad económica global, ocasione una caída en el precio de las materias primas y reduzca los flujos de capital.

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La percepción de riesgo sobre países como Colombia depende de la magnitud de sus desbalances macroeconómicos –los balances entre el ahorro doméstico y la inversión, el fiscal y el de la cuenta corriente–, sus solvencias fiscal y externa, su liquidez en moneda extranjera, la solidez de sus sistemas financieros, la eficacia de sus marcos institucionales para el diseño de la política económica, la credibilidad de esta y su estabilidad política.

Hasta el momento las economía emergentes más afectadas han sido Argentina y Turquía, cuyas monedas se depreciaron con severidad en el tercer trimestre, en razón de los altos requerimientos de ingresos en moneda extranjera para financiar los amplios déficits en sus cuentas corrientes y servir sus cuantiosas deudas externas, que las hacen más vulnerables a los choques provenientes del exterior, como la aceleración del tránsito a la normalidad de la postura monetaria de la FED y el fortalecimiento internacional del dólar.

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Al final del mes pasado la FED aumentó su meta para la tasa de interés sobre los fondos federales en 25 puntos básicos por tercera vez este año, con lo cual la dejó entre 2% y 2,25%. El pronóstico mediano de los miembros de su Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC) sugiere otro incremento de la misma magnitud en diciembre y tres más el año entrante. En su interior existe un debate sobre si en la economía estadounidense lo indicado sería prolongar el estrechamiento de la postura monetaria hasta la neutralidad, en la cual no estimula pero tampoco frena la actividad económica; o incluso más allá, en donde la desincentiva. De acuerdo con ello, su presidente, Jerome Powell, declaró en público que el FOMC podría optar por esa última posibilidad. Esto sería así porque el crecimiento excede el potencial, la tasa de desempleo está por debajo de la de largo plazo, los salarios aumentan y los precios de los combustibles se han incrementado notablemente.

Además, tarde o temprano, los otros grandes bancos centrales del mundo se verán obligados a acelerar el tránsito de sus posturas monetarias a la normalidad para restablecer la paridad con la FED.

Como consecuencia de ello, es probable que se presenten pronto nuevas turbulencias en los mercados financieros de las emergentes. Por tal motivo conviene tener una idea sobre la vulnerabilidad del país a los choques externos.

Las economías cuyas monedas y activos han sido los más afectados son Turquía y Argentina, que son las más vulnerables, por sus amplios déficits de cuenta corriente (-5,6 y -6,7% del PIB), sus deudas externas (58,4 y 44,2% del PIB), su escasa liquidez en moneda extranjera (con unas reservas internacionales que representan apenas 4 y 6,2 meses de importaciones de bienes y servicios) y su alta inflación (11,5% y 26,2% anual). Además de ello, en ambos casos sus esquemas para diseñar la política económica –sobre todo la independencia de sus bancos centrales, pero también la idoneidad de sus autoridades fiscales– fueron cuestionados por los inversionistas, quienes en consecuencia perdieron confianza en su política económica.

Suráfrica y Brasil también han sufrido con rigor los efectos de la turbulencia, por sus altos déficits fiscales y deudas públicas, junto con su bajo crecimiento. Colombia, por el contrario, está entre las menos afectadas.

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A juzgar por el tamaño de sus déficits fiscal y en la cuenta corriente, que bordean el 3% del PIB, Colombia tendría una vulnerabilidad media alta a los choques externos.

Además, a pesar de que las perspectivas de crecimiento son buenas, ya que entra en una fase de aceleración que lo acercará a su tasa potencial a partir del año entrante, este año todavía es lento.

Al mismo tiempo, las dinámicas de las deudas pública y externa del país entrañan riesgos moderados, por su pronunciado incremento desde 2014.

Algo parecido ocurre con la deuda de los hogares y las empresas con la banca, cuya calidad ha desmejorado.

Sin embargo, el marco institucional de la política económica en el país es muy eficaz.

El Banco de la República es independiente e implementa la política monetaria bajo un esquema de inflación objetivo, combinado con un régimen de flotación administrada de la tasa de cambio, que le han permitido lograr la convergencia de la inflación y las expectativas de variación de los precios hacia la meta.

De manera análoga, el estricto cumplimiento de las metas de déficit y deuda pública, establecidas por la regla fiscal, aseguran que se mantendrán en unas trayectorias decrecientes, que conducirán a la consolidación de las finanzas públicas y a la mejora de la solvencia del Estado.

Por último, la regulación y la supervisión financieras siguen los estándares internacionales, lo cual asegura que los riesgos de los intermediarios se administren de la mejor manera, para preservar su solvencia.

Con base en este marco institucional, las políticas fiscal y monetaria conservan su credibilidad, que es clave para preservar la confianza de los inversionistas y mantener el grado de inversión de la deuda pública, dado el protagonismo de los flujos de portafolio en la financiación del déficit en la cuenta corriente y de los inversionistas extranjeros en los mercados de activos domésticos.

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También le permiten al país conservar el acceso a la línea de crédito flexible del FMI, que refuerza la cómoda liquidez externa provista por las reservas internacionales.

En estas condiciones, la vulnerabilidad moderada, la eficacia del marco institucional de la política económica y la estabilidad política son los factores que le han permitido al país diferenciarse de otros emergentes, para minimizar el impacto de las turbulencias externas sobre los mercados financeros domésticos.

Por eso es vital que las autoridades sigan cumpliendo e manera estricta las metas de las políticas fiscal y monetaria.

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