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Opinión

  • | 2020/02/20 00:01

    Colombia, polvorín con suerte

    Como país que vive una lucha diaria para mantener a flote su sistema de salud, un brote tipo Coronavirus nos pone en modo “¡Dios nos ampare y favorezca!”. Sentimos entre sorpresa, impotencia y resignación. Es un sentimiento, a todas luces, tercermundista. Las autoridades nacionales aciertan al evitar el pánico, pero eso no quiere decir que estemos listos, como lo demuestra el Índice de Seguridad Sanitaria Global (el primero que comprende una evaluación comparativa de seguridad sanitaria y capacidades relacionadas alrededor de 195 países).

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Sólo nueve países están preparados para una epidemia global, según este índice del Centro Johns Hopkins para la Seguridad Sanitaria y el Tratamiento Nuclear. Las zonas más vulnerables del planeta están en Medio Oriente y África; América Latina está en un rango intermedio y, Colombia, está dentro de los países más vulnerables de nuestra región, superado en capacidad de respuesta por Argentina, Brasil, México, Chile y Ecuador. 

Como Estado, siempre hemos tenido este nivel de vulnerabilidad epidémica, pero cada que una ola infecciosa global nos amenaza, -como el Coronavirus-, los mapas de bioseguridad nos posicionan en calidad de país bio-inseguro. No es un asunto menor.

No estábamos preparados -bajo los parámetros de seguridad sanitaria del Índice Global- cuando en el 2009 el H1N1  surgió en México y causó pánico en el mundo entero. Tampoco en el 2014 cuando el virus del ébola causó un brote con casi 30.000 casos y más de 11.000 muertes. Mucho menos con el SARS, que alcanzó a 17 países, causó más de 8.000 infectados y dejó 800 muertos. Y quedamos de nuevo en evidencia, este año, con el nuevo patógeno de Wuhan que ha matado ya a casi 900 personas en China (¡más que el SARS!), además de centenares de enfermos en por lo menos 12 países más.

Históricamente, los gobiernos en Colombia  se han preparado para muchas problemáticas de seguridad nacional, pero las pandemias infecciosas no han recibido el mismo tratamiento. Hemos atendido con éxito brotes como el del Zika, Chikunguña y Dengue, pero esas experiencias no nos ponen al nivel esperado por el comité de 13 expertos internacionales que lideran el mencionado índice global.  Los nueve países más preparados de acuerdo con éste, son los que más cumplen con los 34 indicadores evaluados y los que más han dispuesto recursos para defender a sus gobernados de las enfermedades infecciosas, del mismo modo que lo hacen con otras amenazas a la seguridad nacional.

En el caso de Colombia, los cinturones de miseria de nuestras ciudades, la precariedad de los hospitales, la pobre infraestructura de servicios públicos en zonas vulnerables, la exposición a actividad sexual de riesgo, las insanas costumbres alimenticias, la convivencia de grupos marginados con animales, el creciente fenómeno migratorio, entre otros factores, nos convierten en un polvorín para cualquier incidente pandémico. ¡Dios nos agarre confesados!

Pero hemos tenido suerte. Pese a que la relación comercial con el gigante asiático es incipiente y, limitaría la interacción humana, el riesgo que sentimos lejano es en realidad cercano porque Colombia es un país cada vez más globalizado, conectado, con población laboral en todos los continentes, activo en los escenarios internacionales y crecientemente atractivo para extranjeros.

Los científicos del Índice Global han propuesto que la crisis del coronavirus se considere un caso de prueba, pero instaron a los países que no están preparados (un gran número de Asia, África y Latinoamérica, incluyendo Colombia) a fortalecer sus sistemas sanitarios porque la crisis grande, “probablemente será una pandemia global de influenza del orden de la terriblemente letal de 1918, sólo que en un mundo con tres veces la población de entonces, cientos de millones de humanos y animales huéspedes viviendo uno junto al otro, megaciudades pobres y viajes a cualquier lugar en tiempos mucho más breves que el periodo de incubación de un virus”.

Algo están haciendo bien los países latinoamericanos que han demostrado mejor bioseguridad que Colombia. La OMS ha observado que se requiere inversión y voluntad pública. Los gobiernos, señala la organización internacional, necesitan hacer inversiones proactivas y prolongadas en agentes farmacológicos, equipamiento médico, suministros e investigación básica. Y las empresas farmacéuticas tiene un rol por jugar, en todos los países, según el índice. Pueden participar de una agenda público-privada en la que colaboren con los centros públicos de investigación básica en agentes patógenos infecciosos. También pueden compartir las investigaciones tanto de herramientas diagnósticas y biomarcadores como de tratamientos aprobados o compuestos en desarrollo que podrían ayudar a los gobiernos a estar mejor preparados. Pueden facilitar inmunoterapias ya desarrolladas que sean relevantes en el contexto del coronavirus o de otros brotes. Hay oportunidad para mejorar, pero necesitamos una agenda compartida entre gobierno, industria y sociedad, antes de que se nos acabe la suerte.

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