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Opinión

  • | 2018/10/23 00:01

    La estrategia ganadora: compre la nueva economía, venda la vieja

    La estrategia más consistente desde 2013 ha sido invertir en la nueva economía, impulsada por Amazon, Google y Apple. ¿Cuándo llegará esta estrategia a su final?

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La ola del cambio está dejando atrás a quienes fueron los gigantes empresariales del siglo XX. Se trata de un nuevo paradigma, que germinó a través de economías de escala basadas en el uso intensivo de la tecnología y la analítica de datos. Ya los conocemos: Google, Amazon y Apple.

Los tres viven días mejores que General Electric, Ford y General Motors, multinacionales que crecieron gracias a las ventajas competitivas, creadas por la globalización, y que hoy los están dejando en desventaja.

Pensemos por un instante: ¿Qué significó para Simons Property Group (SPG), el mayor desarrollador de centros comerciales del mundo, la irrupción de Amazon en el negocio del ‘retail’? Hablamos de un centro comercial con millones de productos, abierto 24/7 y donde se requieren pocos clics para realizar una compra.

Este escenario, resultado de la diversificación de Amazon, le ha representado a la compañía de Jeff Bezos un aumento del 166% en el valor de sus acciones, mientras que las de SPG han sufrido una caída del 20% desde agosto de 2016.

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Esta divergencia, entre la nueva economía y la vieja, se hace evidente cuando se compara el índice Nasdaq (NDX), el cual mide las acciones de tecnología, contra el de los mercados emergentes (EMM).




Índice Nasdaq (NDX) comparado con el de mercados emergentes (EMM). Fuente: Tradingview.

En efecto, la gráfica nos muestra cómo desde enero de 2014 la rentabilidad del NDX ha sido 102%, mientras que la del índice de mercados emergentes es 0%. Ahora, debemos preguntarnos: ¿Continuará esta divergencia entre los mercados desarrollados y emergentes?

Para responder, seguiremos con la columna que empezamos sobre el camino hacia el fin de la globalización. En este sentido, en el panorama actual la tecnología está cambiando por completo las cadenas de valor, y con ello la forma en que funciona el sistema monetario internacional.

Miremos atrás. Desde la caída del muro de Berlín, la hegemonía militar de EE. UU. garantizó el comercio internacional por medio de la ‘Pax Americana’. A su vez el dólar se convirtió en la moneda de reserva necesaria en cualquier transacción y el bono del tesoro de EE. UU. ha sido un activo libre de riesgo.

Sin embargo, a pesar de haberse convertido en una moneda de reserva en alta demanda, el dólar también está sujeto al ciclo monetario de EE. UU., lo cual crea una asimetría gigante entre los países que tienen esta moneda y los que carecen de ella.

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Esto es evidente cuando se observa el costo marginal de la Reserva Federal (FED): producir un dólar simplemente le cuesta el papel moneda. Mientras tanto, para Arabia Saudita, Rusia o China tener reservas en dólares es equivalente a la exportación de bienes hacia EE. UU.

Como respuesta, la globalización hizo posible un mercado paralelo de dólares, que supliría la demanda. Esto convirtió a bancos como Goldman Sachs, Lehman Brothers, Barclays, UBS y Deutsche Bank en multinacionales que proveen dólares a nivel mundial. A su vez, el sistema ‘offshore’ de esta moneda se convirtió, en cierta forma, en el corazón de la globalización.

Sin embargo, con la quiebra de Lehman Brothers, en 2008, el sistema mostró las primeras señales de fragilidad. Y hoy, después de casi 10 años de estímulo monetario y del mercado al alza más grande en la historia de EE. UU., el problema persiste, solo que se ha concentrado en el sistema bancario europeo. Más exactamente en Italia.

Tras el tire y afloje, entre el banco Central Europeo y la administración italiana, se logró una reducción de las tasas de interés a niveles del 1,5%, aliviando el problema de deuda soberana de la periferia europea.

Sin embargo, con las recientes fuerzas populistas, lideradas por el Movimiento de las Cinco Estrellas en Italia, las tasas de la deuda de ese país han llegado al 3,65%. Si tocan niveles del 4%, la cantidad de bonos que son activos en el sistema italiano serían iguales a los de una cartera vencida.

Una vez más, el corazón de la globalización está en problemas, pero estos no crecen en EE. UU., sino en Europa.

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