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Opinión

  • | 2019/12/11 00:01

    ¿Es el capitalismo el culpable?

    En estos días de paros y marchas, en donde todos vituperan en contra del capitalismo, puede ser oportuno hacer algunas reflexiones.

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El progreso que ha experimentado la mayor parte de la humanidad, progreso que se debe casi en la totalidad a la aparición del capitalismo, ha sido casi milagroso, según nos lo relata el economista catalán Xavier Sala i Martín en su libro La invasión de los robots “Hemos pasado de tener el 85,9 % de la población mundial en situación de pobreza extrema en el año 1800, a tener el 50 % en 1976, y solo el 11,4 % en 2015…no pdemos olvidar de dónde venimos: hace 250 años, el 85,9 % de la población mundial era pobre y hoy ya solo lo es el 11,4 %. …nunca en el planeta había habido tantos alimentos, nunca tan poca gente había muerto de hambre y nunca tan poca gente había muerto de manera violenta por culpa de guerras y violencia interna. Nunca tanta gente había vivido en países democráticos y relativamente libres. Nunca tanta gente había vivido tantos años con buena salud. Nunca tantos niños habían ido al colegio durante tantos años. Y nunca las diferencias de escolarización entre niños y niñas habían sido tan bajas… Desde que tenemos el sistema económico que tenemos (el capitalismo), la tasa de pobreza en el mundo se ha dividido por 8 (del 85,9 % en 1800 al 11 % en 2015), la mortalidad infantil se ha dividido por 10 (de más del 40 % en 1800 al 4 % en la actualidad), la esperanza de vida ha pasado de 37 a 70 años en menos de dos siglos, y hemos pasado de un mundo con niñas que no iban al colegio a un mundo en el que más de la mitad de los estudiantes universitarios son chicas”.

El capitalismo, o el libre mercado, es un sistema económico en el que cada uno de nosotros realiza tareas muy pequeñas y muy concretas que forman parte de una gran cadena de producción mundial. Para Sala y Martín “Una vez realizadas todas las tareas, intercambiamos lo que producimos en unos lugares llamados «mercados»: yo produzco carne para ti y para mí, tú fabricas ropa para ti y para mí, y después vamos al mercado y lo intercambiamos. Y no lo hacemos solamente con la carne y la ropa, sino con los millones de productos y servicios que utilizamos: zapatos, vehículos, computadores, teléfonos, medicamentos, masajes, entretenimiento, seguridad, religión, educación, maquinaría, turismo y un largo etcétera….unos se dedican a plantar y cuidar la planta del café, otros tuestan los granos, otros lo distribuyen en las tiendas, otros lo venden; otros cuidan de las vacas, otros las ordeñan, otros envasan la leche, la transportan y la distribuyen en los comercios de alimentación; otros hacen azúcar, y una señora compra todos los ingredientes, los combina y me los sirve para que yo pueda desayunar”.

Pero lo más importante del sistema capitalista, o de libre mercado, es que no hay ninguna persona específica que coordine el proceso de manera explícita. Los mercados permiten cooperar y coordinar a personas que no se conocen entre ellos. Quien coordina a todos son los mercados y el sistema de precios. No es un burocrata sentado en un escritorio. No es una Comisión de sabios. No son unos funcionarios de Planeación Nacional. No son los sindicalistas de la CUT o de Fecode. Adam Smith en su magistral ensayo, La riqueza de las naciones, afirmaba que ese comportamiento era como si existiera una «mano invisible» que transformara el egoísmo personal en un bien social: todo el mundo se busca la vida y acabamos haciendo, entre todos, todo lo que se necesita. La gran contribución del capitalismo a la prosperidad de los pueblos es la de crear un mercado estable, libre, confiable y autónomo. El mecanismo de precios le permite a cada individuo comunicarse con cientos de millones de otros individuos de una manera que le permite tomar decisiones económicas racionales con respecto a su propia vida. 

 Para Sala y Martín, “los logros del libre mercado pueden parecer sorprendentes a todos aquellos analistas y demagogos que afirman que el «sistema económico actual» (basado en el «neoliberalismo salvaje»; no olvidéis nunca lo de «salvaje») causa mucha pobreza. ¡Como si antes la gente hubiera sido rica y ahora, por culpa de los mercados, del capitalismo, mucha gente fuera pobre! …Lamentablemente para estos analistas, la realidad es exactamente la contraria: la norma histórica ha sido la de una pobreza alarmante, y solo cuando ha llegado el capitalismo, la renta media ha aumentado”.

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