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Opinión

  • | 2019/08/17 00:01

    Los buenos y malos negocios

    El pasado lunes Ecopetrol entregó resultados financieros mostrando que la nación posee un muy buen negocio al controlar el 88,5 % de las acciones.

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Los resultados entregados por Ecopetrol con utilidades hasta el primer semestre por $6,2 billones, dejan claro que la empresa es el mejor activo con el que cuenta el país, y que mantener su control accionario es un buen negocio para el Estado y un respaldo para las arcas públicas. Si el petróleo Brent se mantiene por encima de US$ 60 el barril, la empresa puede lograr utilidades al cierre de este año del orden de $13 billones, con lo cual, de cumplirse la política de distribución de dividendos, el cheque a favor del Estado estará al menos por los $7 billones en 2020. Este año le entregó al país $8,2 billones que resultaron ser el eslabón que faltaba para financiar el presupuesto de esta vigencia. 

Una vez más ese ingreso será un bono para el apretado presupuesto de $271 billones que presentó el Gobierno para 2020 y que requiere financiación por $8 billones, que como se ve, pueden ser aportados por los dividendos que distribuya Ecopetrol, aún después de guardar dinero suficiente para financiar las necesidades de inversión de capital del año que viene. Ecopetrol es una compañía capaz de ganar suficiente dinero para atender, por un lado, las inversiones que planea, y por otro, remunerar adecuadamente el capital que la nación tiene invertido allí.

La empresa puede alcanzar ese volumen de utilidades gracias a la gestión del presidente actual, el Ingeniero Felipe Bayón, que ha sabido optimizar la operación de la empresa. En la exploración los resultados han sido satisfactorios, con los pozos Andina I y Boranda. Los recientes descubrimientos de crudo han mejorado el perfil de reservas de la empresa para llevarla hasta 7,2% años, y en producción las eficiencias ganadas han obtenido ahorros por $918.000 millones y rebajar el punto de equilibrio a US$ 32 por barril. Desde ese precio hacia arriba la empresa genera utilidades que puede distribuir a los socios. 

Los buenos negocios de Ecopetrol no se detienen ahí, el segmento de transporte operado por la filial Cenit, ha resultado ser un estabilizador de precios para la empresa y un buen generador de caja, del Ebitda producido durante este primer semestre por $15,7 billones, Cenit aportó $5,1 (32%) y además incrementó el volumen de transporte. Ambas cosas se tradujeron en más dinero para Ecopetrol, y la nación que es su principal socio, porque las tarifas que cobra Cenit por transportar están en dólares beneficiándose de las recientes alzas del dólar.

Lo que es un mal negocio para Colombia, es reducir su participación accionaria. Peor negocio aún es vender Cenit que es la principal filial y el componente que garantiza que Ecopetrol sea una empresa integrada. La red de oleoductos y poliductos operada por Cenit tiene dos cualidades específicas necesarias para la viabilidad operativa de la empresa. La primera, Cenit es la dueña del 100 % de la capacidad de transporte por poliductos, y del 82 % de la capacidad total de transporte de crudo. Segunda, de esa capacidad Ecopetrol utiliza el 75 % con su producción.

Cenit es por lo tanto una parte necesaria de Ecopetrol, y un activo estratégico de los colombianos que además en cada tanqueada aportamos $71,51 pesos por galón de gasolina y diésel para remunerarla por las inversiones que hace para garantizar el abastecimiento de combustibles en el país. Son cerca de $253.000 millones anuales que los colombianos entregamos a Ecopetrol mediante su filial de transporte porque es una empresa mayoritariamente pública que luego le devuelve con dividendos ese dinero a la sociedad. Otra historia es si Cenit es vendida, porque no tiene sentido entregarle a un tercero recursos públicos para financiar ganancias que no serán de la nación.   

Otro mal negocio es vender estos activos rentables que operan con riesgo controlado y que generan financiamiento permanente para el fisco, para reemplazarlos por inversiones en infraestructura, que hasta hoy no ha sido una apuesta ganadora puesto que de los $5 billones que el Estado recibió por la venta de Isagen en 2016 a la infraestructura solo han llegado $2 billones, y ahora el saldo está a pocos pasos de convertirse en gasto de funcionamiento, si es aprobada la propuesta de modificar el Fondes. Así que tampoco hay nada que garantice que nuevas ventas no se dilapidarán en gasto corriente, lo que sí es seguro es que se dejarán de recibir las abultadas utilidades.

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