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Opinión

  • | 2019/05/28 00:01

    Proteger el ambiente o destruir empleos: ¿Cuál fórmula es mejor?

    Los dos de la mano son un matrimonio formidable. ¿Por qué divorciarlos?. Iniciativas como la de prohibir los plásticos de un solo uso en el país son un primer paso para ello.

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El Congreso de la República está próximo a aprobar un proyecto de ley que tiene como propósito prohibir los plásticos de un solo uso en Colombia. Esta iniciativa es positiva, va de acuerdo con la normatividad europea y la tendencia mundial, pero tiene sus bemoles.

Todos sabemos que el plástico genera daños irreparables al ambiente; tan es así que cambiamos  la forma de hacer mercado, evitando cada vez más el uso de bolsas, así como de pitillos, entre otras medidas. Todas estas, acciones positivas para un mejor planeta. Para el 2050 se prevé que haya más plástico que peces en el mar. Eso es absolutamente cierto.

Elogio editoriales como el del periódico El Espectador del día de ayer, que hace un llamado a tomar medidas urgentes con el fin de eliminar la contaminación generada por este material. El discurso ambientalista es fantástico, y en la mayoría de los casos estoy plenamente de acuerdo con él. También tengo perfectamente claro que antes de direccionar una política nacional debe evaluarse el impacto de lado y lado. En este caso el mercado del plástico también debe ser considerado, pues miles de empleos dependen de él.

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¿Es acaso justo que miles de trabajadores se queden sin empleo por cuenta del cierre de plantas productoras de plástico?; ¿Es correcto que sus familias dejen de tener un sustento, que los hijos de estos trabajadores no puedan ir al colegio o a la universidad porque sus padres no tienen trabajo?. Muchos de ellos se quedarán sin con que hacer mercado ¿es eso justo?. Este sector representa aproximadamente el 10 % de la industria manufacturera del país, da empleo directo  a más de 200.000 colombianos, genera exportaciones por 4,5 billones de pesos y ventas por casi 19 billones de pesos . A nivel tributario paga impuestos por un valor superior al billón de pesos.

Siendo realistas, el desempleo está aumentando, llegando al 10,8 %. En materia fiscal, tenemos una meta de déficit para 2019 de 2,7 % del PIB. Medidas como esta no contribuyen en absoluto al beneficio de la economía nacional, que en momentos como este en los que hay un alto nerviosismo en los mercados internacionales por cuenta de la guerra comercial entre China y Estados Unidos debe blindarse.

De otro lado, el argumento es que estos trabajadores pueden conseguir otro empleo, y que además esta medida a futuro los beneficiará no solo a ellos, sino también a sus hijos, pues un ambiente sano es algo a lo que todos tenemos derecho, siendo fundamental para la vida de todo ser humano. Eso también es cierto. Ambos argumentos son válidos. Lo que debe lograrse es que de debates como este ambos sectores salgan fortalecidos, sin necesidad de que uno actúe en detrimento del otro.

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El Fondo Monetario Internacional ha sido explícito al advertir que la guerra comercial entre China y Estados Unidos pone en peligro la economía mundial, reduciendo el pronóstico de crecimiento mundial a 3,3 %. En palabras de Christine Lagarde, la economía afronta un momento delicado. ¿Es entonces lógica una medida de este talante, que implica el cierre de empresas en nuestro país?

Si bien hay que proteger el ambiente, así como la vida y la salud pública, es deber del Estado garantizar unos mínimos en materia jurídica y económica. La inseguridad jurídica que origina una decisión de este tipo, repercute directamente en la inversión, pues claramente la desincentiva. Esto actúa en contra de garantías constitucionales como la libre empresa y el derecho al trabajo, banderas de las democracias modernas.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calcula que el mundo produce aproximadamente 300 millones de toneladas de residuos plásticos, de los cuales solo el 14 % se recolecta para el reciclaje. Eliminar la utilización de plástico, si bien es algo positivo, debe hacerse de manera paulatina, ofreciendo incentivos a los productores para que hagan una transición a materiales que garanticen la sostenibilidad ambiental, así como a los consumidores para que eviten su utilización. Utilizar el argumento pigouviano o coasiano frente a las externalidades negativas puede ser una alternativa.

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La Estrategia Nacional de Economía Circular promovida por el gobierno es una herramienta útil para fomentar el reciclaje y con ello disminuir la contaminación, mediante la reutilización de elementos como el plástico. Promover acciones como las planteadas en esta estrategia soluciona de tajo los dos problemas: garantiza la libre empresa y el derecho al trabajo, así como la protección del ambiente y la descontaminación. La Economía Circular es un negocio rentable que genera billones de dólares.

Experiencias exitosas y ejemplos claros

El Banco de Plástico (Plastic Bank) es un modelo exitoso de negocio. Personas en países como Haití, Filipinas, Indonesia o Brasil, pueden cambiar el plástico que reciclan por dinero que les ayuda a subsistir diariamente, todo gracias a una plataforma diseñada por IBM, la LinuxOne, que mediante la tecnología blockchain permite que esto suceda. Ideas como esta contribuyen con el cierre de brechas sociales, mejorando la vida de miles de personas. Como este hay cientos de ejemplos exitosos en los que mediante la economía circular se protege el ambiente y se generan ingresos a las personas y a las empresas.

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La Circular Fibres Initiative, iniciativa impulsada por la fundación Ellen McArthur, busca generar que la industria de la moda (la tercera más contaminante del planeta) propenda por un modelo de economía circular. Grandes marcas como Stella McCartney , H&M, Gap, Burberry y Nike entre otras, se han vinculado para implementarla en sus empresas. Esto también podría aplicarse a la industria textil colombiana.

El desarrollo industrial y el ambiente van de la mano. El divorciarlos es ilógico, además de atentar contra el desarrollo del país. Hay que ser lógicos y coherentes al momento de proponer políticas públicas.

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