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Opinión

  • | 2018/09/21 00:01

    Uberizar, colaborar y ganar

    ¿Cómo sería el mundo si todos los negocios se ‘uberizaran’? Si colaboramos, todos ganamos.

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Si algo debemos aprender del popular Uber, como modelo de negocio, es que no hay que tener para vender.

La disrupción que supuso el hoy trillado ejemplo de los Uber o los AirB&B, no es otra que la de mostrarnos que las lógicas de uso y consumo se están transformando en todas las latitudes y que las organizaciones no necesariamente están entendiendo a sus consumidores.

Según el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, en ‘El precio de la desigualdad’, con la llegada del siglo XXI “los jóvenes estaban cansados e indignados de que tanta gente la estuviera pasando mal, de que tantos estuvieran perdiendo su vivienda y su empleo (…) Además, los mercados no estaban funcionando ya que no eran eficientes ni estables, el sistema político no había corregido los fallos del mercado, y por último los sistemas económicos y políticos eran injustos”.

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Entonces llega la revolución, con el más amigable apellido de disrupción, orientada a voltear los modelos económicos tradicionales y a darle el poder a los usuarios.

En la economía de las plataformas lo más valioso no es la transacción sino la interacción y la sostenibilidad en el tiempo que supone su uso, por lo que el cambio generacional – junto a la transformación de la forma de relacionarse con el mundo que supone –, está abriendo la puerta a una de las formas más disruptivas que puede tomar la economía: la colaboración.

Nuestros esquemas mentales están condicionados bajo el tradicional ‘plata llama plata’, o lo que es lo mismo, tener para generar ganancias. Pero Uber no tiene vehículos, AirB&B no tiene hoteles y Rappi no tiene stock, entonces el negocio ya no está en la posesión sino en la interacción.

En 2010, bajo el loable título de ‘Lo que es tuyo es mío’, Bostman & Rogers sentaron las bases de lo que denominaron consumo colaborativo, mostrándolo como “una nueva moneda para comunidades basadas en tecnología, que transforman el paisaje tradicional de los negocios, el consumo y la manera en que vivimos”.

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La economía colaborativa se basa en el intercambio de bienes y servicios, usualmente bajo esquemas de aprovechamiento de los recursos subutilizados, en los que el propietario pone a disposición sus bienes, satisfaciendo así la necesidad de los usuarios, a la vez que recibe ingresos de una fuente que antes parecía inexistente.

“Muchos tenemos un kit de herramientas en casa, pero, ¿qué tanto lo usamos realmente?”, así empezó mi conversación con Gustavo Palacios, director del Laboratorio Latinoamericano de la Economía Colaborativa (Sharecollab), que reúne cientos de iniciativas donde la interacción y lo digital van de la mano de la generación de valor para los usuarios y ganancias para los propietarios.

El taladro no se usa desde que fijé en la pared de mi habitación una fotografía del Pacífico colombiano, y de eso ya va más de un año; tal vez debí cobrarle al par de amigos que me lo pidieron prestado, pero, eso no se hace con los amigos… Aunque si son desconocidos confiables hasta sí podría hacerlo.

Sharecollab ha identificado más de treinta modelos de negocio basados en la colaboración, incluyendo el alquiler de bienes, los bancos de tiempo, los fondos comunitarios o ‘vacas’, e incluso algunos eLearnings. Si se puede colaborar, entonces también se puede capitalizar.

El Laboratorio de la Economía Colaborativa tiene un amplio portafolio de compañías y servicios de acompañamiento que impulsan el avance de los negocios bajo este enfoque, actuando como hub y centro de mentoría. Su iniciativa ‘Connecting the dots’ está generando un mapa interactivo de las empresas colaborativas del país, que registra a la fecha más de 240 proyectos donde la voluntad de construir como red es más fuerte que el ansia de poder en manos de pocos.

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No es tan fácil uberizar una compañía existente y de ahí que el cuento de la transformación digital sea tan complejo y muchas veces se frene antes de llegar a su verdadero fondo, que es la generación de nuevos modelos de negocio, incluyendo opciones colaborativas.

Pero si se trata de dar el salto, las compañías sí pueden empezar por acerarse a los pilares de esta nueva economía: mayor uso de las plataformas digitales, reducción de los costos de poseer, mayor interacción social y amplia democratización de la oferta y la demanda.

Creemos en la interacción, en el valor de lo que los demás ofrecen y en la importancia de conectarnos; así somos los nuevos consumidores, los mismos que naturalizamos un ranking de estrellas como validador de confianza al subirnos al vehículo de un desconocido. Muchas organizaciones.

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